¿Qué son los tipos de apego y cómo influyen en nuestras relaciones?
El tipo de apego no es una patología
Muchas personas vienen a consulta con afirmaciones sobre su apego y hablando de él desde el primer momento, sin que se les pregunte por ello. Algunos incluso lo han consultado previamente con chatbots de inteligencia artificial. En los últimos años, ha habido mucha literatura, tanto científica como de divulgación, sobre la relación del apego con los problemas relacionales y con la salud mental, presente en todos los trastornos de personalidad y en muchas enfermedades, como los trastornos de la conducta alimentaria, las adicciones, la ansiedad, entre otras. En este contexto, herramientas como el mindfulness han demostrado ser útiles para observar y regular los patrones emocionales derivados de estilos de apego disfuncionales.
Como psicólogos clínicos, sabemos que el apego es inconsciente para el individuo y, por lo tanto, difícilmente accesible para la persona a través de sus creencias sobre él. Es más constante de lo que se cree, a pesar de las diferentes relaciones y contextos. Se desarrolla en la primera infancia y está asociado con los comportamientos de los padres, muy difíciles de ver objetivamente por el propio paciente.
Hace falta mucho estudio, conocimiento, comprensión y entendimiento del mundo interno del paciente para poder abordar con precisión el apego. Y, de hecho, se aborda continuamente en terapia, aunque no siempre se aprecie directamente en sesión. Porque, aunque en los diferentes estilos de apego no existe patología, sí se sabe que un apego inseguro —en sus vertientes preocupado o evitativo— supone un factor de riesgo. Puede desencadenar mayor vulnerabilidad ante acontecimientos desagradables, trauma, y un deterioro en las relaciones interpersonales e intrapersonales.
La Teoría del Apego de Bowlby
Fue solo en 1979 cuando John Bowlby formuló la Teoría del Apego, cuya hipótesis central es que las relaciones vinculares tempranas entre padres e hijos se convierten en prototipos de las relaciones del sujeto con los demás, interfiriendo en sus expectativas sobre sí mismo y los otros.
Esta teoría se focaliza en el estudio de los procesos a través de los cuales los niños desarrollan sentimientos de confianza en la protección paterna y/o adulta. En la adultez, esos prototipos persisten como modelos de comportamiento interno. El propio Bowlby defendió la continuidad de estos esquemas de funcionamiento a lo largo de la vida, considerándolos una propiedad de las relaciones psicosociales. Desde entonces, se ha investigado mucho al respecto.
Tipos de apego: clasificación divulgada y advertencias clínicas
No hay razón para no nombrar los tipos de apego que se divulgan, aunque es importante insistir en evitar las autoclasificaciones y simplificaciones. Se trata de un asunto demasiado importante y complejo, que requiere trabajo con un profesional cualificado, lejos de certezas o etiquetas, y fomentando el propio descubrimiento mediante la reflexión, la experiencia terapéutica y el trabajo personal de narrarse uno mismo en sus asuntos y dilemas.
En la literatura sobre el apego, se han identificado primordialmente tres tipos principales: el apego seguro, el apego evitativo y el apego miedoso/ansioso/preocupado. Todos los que no son el seguro, se consideran inseguros. Pero ninguno de ellos constituye una patología.
Apego seguro-autónomo
Las personas con este estilo suelen compartir y expresar abiertamente sus sentimientos. Valoran las relaciones de apego, describen sus vínculos familiares como relaciones de confianza y apoyo, y evalúan sus experiencias del pasado con aceptación y gratitud hacia sus figuras de apego, independientemente de si estas fueron o no satisfactorias.
Apego evitativo-devaluante
Este estilo se caracteriza por la tendencia a infravalorar las relaciones de apego. Las personas con este patrón no suelen confiar en los miembros de su familia, refieren pocos recuerdos del pasado, los cuales pueden incluir idealización, rechazo o indiferencia hacia sus figuras de apego. Se destacan por su autosuficiencia, independencia y control emocional.
Apego ambivalente-preocupado
Las personas con este estilo valoran sus relaciones de apego, pero tienden a sentirse excesivamente preocupadas por los demás, especialmente por miembros de su familia. Expresan temor al abandono y muestran escasa autonomía. Sus recuerdos del pasado suelen incluir algún tipo de rechazo o interferencia parental, y con frecuencia reflejan resentimiento hacia esas experiencias.
Apego no resuelto/desorganizado
Quienes presentan este patrón suelen ser incapaces de mantener una estrategia de apego coherente.
Dificultades para identificar el propio estilo de apego
Tal como se ha comentado, es necesario ser cuidadosos al distinguir entre dos aspectos: por un lado, las variables observables de la comunicación y cohesión entre el adolescente o adulto y sus padres, y por otro, los patrones de apego, cuya autoevaluación es prácticamente imposible mediante la simple observación. Esto se debe a la invisibilidad que tienen para la persona que los experimenta.
Por tanto, se invita a cada quien a realizar un trabajo serio, personal e intransferible con su psicólogo, adaptado al motivo que lo lleva a consulta. Esto debe hacerse lejos de las clasificaciones externas, y con respeto por la singularidad del proceso terapéutico.
¿Puede cambiar nuestro estilo de apego?
La investigación indica que la terapia puede favorecer cambios en el estilo de apego, moviendo hacia tendencias que aporten mayor seguridad interna. Esto contribuye a la reparación de experiencias dolorosas y reduce factores de riesgo asociados a diversas patologías.
Psicóloga Sanitaria, Clínico EMDR y de Terapias de Tercera Generación MásNeuronas Psicología.