Bullying y ciberbullying: fenómenos muy frecuentes

El bullying es un tipo de agresión cuyo objetivo es causar un daño físico, social y/o emocional, repetido en el tiempo y donde existen diferencias de poder en la interrelación entre agresor y víctima, sean éstas superficiales o reales, y donde la víctima tiene muchos problemas en defenderse.  Es relevante destacar el carácter repetitivo de hostigamiento e intimidación. Hay consecuencias claras de aislamiento, exclusión social de la víctima y requieren que se cumplan al menos tres de los cinco criterios siguientes: la víctima se siente intimidada, o excluida, las agresiones son cada vez más intensas, suelen ocurrir en privado o se percibe al agresor como el más fuerte.

 

El cyberbullying es un fenómeno posterior desarrollado en un contexto tecnológico, y donde el elemento común de todos los autores que lo definen es la agresión intencional a través de un medio electrónico (móvil, internet, mail, las redes sociales, blogs, mensajes de texto, entre otros), habiendo matices en los demás elementos definitorios y falta de consenso entre los investigadores.

 

El bullying y ciberbullying tiene similitudes:  la condición de asimetría entre las partes, de naturaleza física, social, relacional o psicológica. El hecho de que una persona se sienta más segura tecnológicamente que otra puede crear, en efecto, una relación asimétrica que favorezca la agresión, pues el anonimato crea en el cyberbullying una sensación de poder sobre la víctima. Sin embargo, a pesar de las similitudes entre acoso y ciberacoso, hay diferencias muy claras. En el ciberacoso, los perpetradores del cyberbullying se perciben a ellos mismos como anónimos, y este tipo de “desindividualización” provoca que las personas lleven a cabo comportamientos que, de no contar con este anonimato o darse cara a cara, se inhibirían. Por lo tanto, el anonimato abre una puerta nueva a los acosadores, inexistente en el acoso tradicional. Un ciberacosador ya no tiene que preocuparse por si su estatura o fuerza física es mayor que la de su víctima.

 

Otro aspecto de interés del cyberbullying, no presente en el bullying tradicional, es la posibilidad de observar el impacto del acoso en la víctima. En el cyberbullying, no se produce un encuentro cara a cara con la víctima, y no cabe la posibilidad de comprobar el momento en que la víctima recibe el acoso o sus gestos y reacciones al mismo (al menos, en muy pocas ocasiones, pues no se comparte el espacio físico). Para los investigadores, esto es interpretado como una reducción de la empatía y de las posibilidades de experimentar remordimientos o reflexión sobre la responsabilidad de los actos en los acosadores.

 

Asimismo, la accesibilidad a la víctima también difiere entre el bullying y el cyberbullying. En el acoso convencional, el colegio suele ser el entorno en el que se realiza el acoso. En el cyberbullying, la conducta se realiza las 24 horas del día los 7 días de la semana, durante el día o la noche, sin descanso, con la posibilidad de crear websites, mandar textos o posts a través de internet. La audiencia, en consecuencia, también es mayor, multiplicándose en el caso del ciberacoso, pudiendo encontrar miles de personas que presencien un insulto en la red en comparación con un puñado de alumnos en el entorno escolar.

 

Con estas características, la “recompensa” psicológica de los ciberacosadores es retardada en el tiempo si lo comparamos con el bullying convencional. No se ven los efectos del acoso en la víctima de inmediato. El ciberacoso puede resultar aún más inquietante por desconocer la víctima en muchos casos quién es el agresor (protegido por el anonimato ofrecido en internet o dispositivos electrónicos), poseer una mayor audiencia debido a su presencia en redes sociales, la invasión de todos los contextos ecológicos de la víctima (escolares, familiares, comunidad, cualquier ámbito social), imposibilitando su defensa de una forma fácil y la facilitación de la desconexión moral del agresor, que no visualiza la reacción de su víctima. Lo que sí que parece claro es que cierta parte de los acosadores tradicionales (bullies) pueden estar tentados a cometer ciertos tipos de cyberbullying que les proporcione anonimato, como las redes sociales, intensificando así el descrédito de sus víctimas, pero la agresión en ambos fenómenos no se lleva a cabo siempre por las mismas personas, y, según los investigadores, esto solo atañe a una parte de los que cometen actos de acoso.

 

Los estudiosos afirman que la prevalencia entre los escolares varía entre un 40% y un 55%, bien como víctimas, como agresores o como observadores. Otros estudios hablan del 69,8% en alguna de estas tres modalidades. De todos modos, es de esperar que, dado el empleo masivo de la tecnología por parte de todos los individuos desde temprana edad, el cyberbullying puede ya considerarse como un fenómeno extendido y fácil de ocurrir, con terribles consecuencias.

 

Los poderes públicos lo saben y toman medidas. Siempre hay que estar vigilante y nunca son suficientes. Entre ellas, pueden destacarse:

 

  • La enseñanza del uso seguro y responsable de las redes sociales y de internet.
  • La concienciación de los menores de la importancia de una buena gestión de la privacidad on-line y off-line.
  • El conocimiento de los riesgos que los jóvenes pueden encontrarse en la red: ciberacoso, grooming, sexting, suplantación de identidad, tecnoadicciones.
  • La adquisición de habilidades de comunicación en este entorno digital, presente ya en nuestras vidas privadas.
  • El fomento de la denuncia de situaciones de riesgo en la red, sobre todo de menores.

 

El 1 de noviembre de 2016 el Ministerio de Educación de España puso en funcionamiento un servicio telefónico contra el acoso escolar, activo las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. El número 900 018 018 está destinado a chicos y chicas en edad escolar, padres, docentes, y todos aquellos que conozcan algún caso de acoso escolar y desee romper la espiral de silencio. Por supuesto, las llamadas son gratuitas, anónimas, y no aparecen en la factura del teléfono. Una medida que viene a sumar al ya existente teléfono contra la violencia de género.

 

Copyright: Carmen González 2020

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